sábado, 18 de agosto de 2012

Miedo a perderlo todo.

"Nada duele como perder, cuando sabías que ya habías perdido. Nada duele tanto, excepto por el dolor de elegir soportarlo por mucho tiempo."

Llegado el momento, era hora de tener mi propia casa. Para empezar una construcción, como sabrán, se necesita de cal y ladrillos. Decidí hacerlo sola, no contraté a nadie, a ver que saldría. Compre los ladrillos y por única oportunidad me regalaron lo que había comprado mas la mitad de ello, mucho, mejor que sobre que que falte. La cal y el plano estaban listos, comencé a apilar ladrillos, uno tras otro para arriba. Llegue a lo que quería y me sobraron ladrillos, bastantes, los dejé a un lado por si en algún futuro quería expender o hacer alguna reforma.
   El barrio en el cual estaba construyendo no me agradaba mucho, pero la gente no estaba nada mal. Se acercó un vecino con una gran sonrisa y me pidió un par de ladrillos, al ver que me sobraban, con gusto se los dí. Y claro, allí se me ocurrió dar los ladrillos que me sobraban, eran muchos y gente los necesitaba.
A algunos se los ofrecí, otros venían a pedírmelo y yo así era feliz.
  Mi cal aún no se secaba, que raro era eso, lo atribuí a mi falta de experiencia en la construcción.
Vino el vecino que me pidió primero a pedirme un solo ladrillo mas. Sobrantes ya no tenía, pero aproveché que la cal aún estaba sin secar y saqué uno de mi casa. Suena a tontería, verdad? Pero lo hice. Y así comenzó una amistad con él. Mi cal no se seca aún. él me ofreció su casa y yo me quedé muy agradecida.

   El tiempo pasó, la cal estaba todavía húmeda pero decidí mudarme igual a mi casa, tenía la casa de mi vecino como refuerzo ante cualquier cosa.

Iba prestando uno a uno ladrillos, y mi casa quedó mas pequeña, el barrio cada vez me desagradaba más, pero era soportable. Llegado un momento sólo me quedé allí por mi vecino, mi casa era pequeña, la cal no estaba completamente seca y el barrio me hartaba, pero yo estaba allí por él.
  Una mañana de Septiembre, mi vecino se muda a mi barrio soñado. El viento soplaba y mi casa estaba por derrumbarse, la cal seguía húmeda. Ya me hartaba todo.
Ahora no se qué hacer. Ya ni ladrillos quedan, y los que quedan no sirven de nada. ¿Qué puedo hacer ahora?

Nunca es bueno aferrarse a algo, nunca te quedes en el mismo lugar. Pensé que así como yo dí, alguien me iba a dar, pero no. Nadie me ofreció nada y si pido miran mal.

Sabía que lo había perdido.
El miedo es lo único que me queda.

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